Conozca la personalidad del promedio más alto de admisión en el 2005 de la Universidad de Costa Rica, un joven de Turrujal de Acosta.
Hace unos días, la familia Mena Arias recibió una llamada de la Universidad de Costa Rica. Quien llamó les dijo que su hijo Darío obtuvo una de las mejores notas de admisión, pero no dio más detalles.
Se limitó a invitar al muchacho y sus padres a un acto especial en el auditorio de la facultad de Derecho el viernes 25 de noviembre. Los tres llegaron ese día poco antes de las 10 a.m. y notaron extrañados que los periodistas que cubrían la actividad insistían en averiguar quién era el alumno de Acosta.
La cuenta regresiva arrancó con la décima mejor calificación y, uno a uno, fueron llamados los estudiantes con puntajes cada vez más cercanos al ansiado 800.
Los nervios de Darío comenzaron a traicionarlo cuando pasaron del quinto lugar y su nombre aún no se escuchaba.
La duda se disipó cuando fue anunciado el segundo puesto y Darío seguía a la espera. Al escuchar que el joven acosteño era el único en haber alcanzado la nota máxima, padres e hijo reaccionaron con alegría y lágrimas.
"Ese día, mis papás no pararon de llorar y, aunque yo casi nunca lloro, no me pude aguantar", confesó el estudiante de contabilidad en el Colegio Técnico Profesional de Acosta.
Darío Alberto Mena Arias tiene 18 años, es alto, delgado y saprissista hasta los huesos. Viste ropa holgada y lleva el cabello negro siempre peinado de carrera a un lado. No usa aretes ni tatuajes, y en su rostro aún quedan algunas espinillas de la adolescencia.
De entrada, parece un joven tranquilo y, tras varios minutos de conversación, esa primera impresión se confirma. Su hablar es pausado, una señal de que piensa bien las cosas antes de decirlas.
Vive en Turrujal de Acosta, en una pequeña casa amarilla que parece estar colgada a la mitad de una pronunciada cuesta. A medio kilómetro de ahí, cursó la secundaria y unos metros más acá, en la escuela Fernando de Aragón, la primaria. Mas ya llevaba camino, pues a los cuatro años aprendió a leer sin ayuda.
"Cuando era pequeño, pasaba horas viendo en televisión el programa Fantástico, y ahí tenían aquel concurso 'Deletreando con Jack's'. Creemos que así fue como aprendió a leer", contó la madre. Ese fue el primero de muchos logros que ha tenido el joven desde que nació , en diciembre de 1986.
En sus primeros años de escuela, los maestros se valían del precoz lector para que ayudara a sus compañeros.
Conforme avanzó a los niveles siguientes, estudió con gran dedicación y los premios no tardaron en llegar. El año en que se graduó de sexto grado fue homenajeado en la Asamblea Legislativa como uno de los mejores promedios del país y ganó, además, un concurso para viajar al Space Camp de la Nasa, en Estados Unidos.
Tras el niño gordito surgió un adolescente alto y delgado, que nunca cambió sus buenas notas y excelente comportamiento. Sin embargo, niega ser un obsesionado del estudio. Para los exámenes acostumbra estudiar solo, aunque siempre tiene abierta la puerta de su casa para ayudar a sus compañeros.
Doña María Emilce ha sido costurera desde su adolescencia. De su máquina de coser salió la ropa que sus dos hijos vistieron cuando niños y los encargos ajenos que le permitían aporta un ingreso extra al hogar.
Don Ronald trabajó como administrador del parque del templo católico de San Ignacio, y ahora labora en el taller de zapatería que tiene detrás de su casa. Además, para la época navideña, se echa la guitarra al hombro y sale a cantar rosarios del Niño, para así ganar una platita de más.
En sus ratos de ocio, Darío ve televisión o escucha música romántica en la radio y, al menos una vez por semana, sale a jugar futbol con sus compañeros, aunque acepta que, en ese campo, no saca buenas notas.
Es un fanático del play station, no toma ni fuma y no tiene novia. Es coordinador de la pastoral juvenil de su comunidad y miembro del grupo de lectores de la iglesia católica de San Ignacio.
Está a punto de terminar la práctica profesional en contabilidad. Para ello lleva varias semanas viajando hasta una empresa en San Pedro de Montes de Oca (el bus dura dos horas de ida y dos de vuelta) .
Sin duda un buen entrenamiento para la vida universitaria que se acerca, porque no desea mudarse a San José cuando empiece la universidad. Aunque todavía no ha elegido carrera, todo indica que su pasión por los números terminará inclinando la balanza hacia alguna ingeniería.
"Es lindo saber que ya tengo beca, que puedo escoger mi carrera y busca el mejor horario", reconoce con humildad.
Este año ganó lamedalla de oro en las Olimpiadas de Matemática; y en el 2002, la de plata
Randall Corella V.